La historia se repite, pero con nuevos protagonistas y un escenario global distinto. Tras la segunda vuelta presidencial del pasado 7 de junio, el Perú se encuentra una vez más en una situación que ya parece parte de nuestro ADN político: contando hasta el último voto de las actas oficiales. Con una diferencia mínima entre Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), el país contiene el aliento mientras la ONPE procesa las últimas actas observadas y los votos del extranjero. Sin embargo, más allá de quién termine cruzando la banda presidencial este 28 de julio, la verdadera pregunta para los emprendedores, profesionales y líderes empresariales es: ¿Y ahora qué hacemos?
Un país dividido en dos mitades exactas
La fotografía que nos dejan estos comicios no es una sorpresa, pero sí un recordatorio de la profunda polarización que vive el país. Mientras el norte y el voto exterior le han dado un fuerte respaldo a la propuesta de derecha, el sur y las zonas rurales han consolidado su apoyo a la opción de izquierda.
Esta paridad absoluta (donde la diferencia se reduce a unos pocos miles de votos) nos deja un mensaje claro: el próximo gobierno no tendrá un cheque en blanco. Quien asuma el poder tendrá el enorme desafío de construir puentes de inmediato si quiere lograr un mínimo de gobernabilidad.
Las reformas que se vienen: El nuevo Congreso Bicameral
Un detalle crucial que muchos están pasando por alto en medio de la fiebre presidencial es que este proceso electoral estrena un cambio histórico en las reglas de juego: el retorno a la bicameralidad. El próximo Parlamento peruano estará compuesto por un Senado y una Cámara de Diputados. Esto cambia por completo la dinámica legislativa:
- Mayor debate: Las leyes ya no se aprobarán «al caballazo» en una sola noche; tendrán que pasar por el filtro de ambas cámaras.
- Estabilidad regulatoria: Para las empresas y las PYMES, esto puede traducirse en una mayor predictibilidad jurídica, reduciendo los cambios bruscos de normativas a los que estábamos acostumbrados.
- Adiós a la cuestión de confianza por investidura: Una reforma clave pensada para mitigar los choques directos entre el Ejecutivo y el Legislativo que marcaron la última década.
El rol del sector empresarial: Mantener el timón firme
En contextos de incertidumbre política, la tentación inmediata es congelar proyectos o entrar en modo de espera. Sin embargo, la historia económica reciente del Perú demuestra que nuestro mercado tiene una resiliencia a prueba de todo. El Banco Central de Reserva (BCRP) mantiene una sólida política monetaria y los motores macroeconómicos clave siguen marchando.
Para el sector empresarial, el enfoque de los próximos meses debe centrarse en tres pilares:
- Flexibilidad y resiliencia: Diseñar planes de contingencia, pero sin detener la marcha operativa o la transformación digital.
- Educación y comunicación interna: Los equipos de trabajo necesitan calma. Promover espacios de información clara y evitar la desinformación ayuda a mantener la productividad.
- Identificar oportunidades locales: Proyectos de infraestructura en marcha y el dinamismo de sectores tecnológicos y financieros seguirán demandando talento y soluciones eficientes.
Conclusión: La agenda no espera
Quien gane la presidencia recibirá un país que urge de reactivación económica, seguridad ciudadana y estabilidad institucional. Mientras los organismos electorales resuelven las últimas actas con la transparencia que el país exige, a los profesionales y emprendedores nos toca seguir haciendo lo que mejor sabemos hacer: trabajar, innovar y construir país desde nuestra cancha.
El partido se define en la cancha institucional, pero el futuro del mercado lo seguimos escribiendo nosotros día a día.